Hace una semana que empecé a trabajar en Zara. Sí, así como lo leen: me absorvió el sistema y estoy de trajecito negro, maquillaje y "pelo con laca" como le dicen acá y me resulta muy gracioso. Pero no se crean que trabajar en Zara acá es como trabajar en Zara allá: acá Zara es como Chic Parisien o algo así: hay cada 5 cuadras y es donde se consigue la ropa más barata. Inditex es una de las empresas españolas más grandes, con 4 mil tiendas en todo el mundo, que agrupa un montón de marcas de ropa entre ellas (y la más conocida) Zara. Todo funciona más o menos como hemos visto en Uruguay: vidrieras vistosas, ropa ordenadísima, colores especialmente colocados, todo muy prolijo y luchando contra la entropía natural que se da entre trapos y mujeres en un mismo lugar. Mi trabajo consta básicamente de doblar ropa una y otra vez, doblar el mismo buzo para que quede presentable chiquicientas veces si es necesario. También le sonrío a la gente que entra y corro amablemente hasta el almacén a buscar ese talle que ya no está en la tienda y que es justo el que le quedaría bien a la catalana vieja y gorda que espera parada como un poste en el medio del camino. Aprendí a leer las etiquetas que tiene la ropa, lo que se llama "referencia" y que es un número de 10 cifras para almacenar todo y que no se haga un lío terrible y otras mil cosas que una como clienta desconoce (ninguna demasiado turbia, no se hagan ilusiones), y que si no trabajás ahí son aboslutamente inútiles e inaplicables para el resto de tu vida.
En el día de hoy y por ser el primer capítulo de esta nueva entrega, les quiero dejar esta anécdota calentita del día de hoy, en plena interacción con mis compañeras de curro:
Cada día tengo una hora de entrada que varía entre las 16, 16:30 o 17. Como es normal, hoy me confundí y llegué a trabajar media hora antes de lo que tendría que haber ido (le regalé media hora de mi vida a Inditex), entonces ésta es la conversación que se dio en el vestuario donde están las "taquillas" (casilleros o lockers) mientras yo puteaba mirando la planilla donde dicen los horarios de entrada y salida de cada una:
Valentina:
-Pero la puta madre! Tenía que estar a las 16.30 y me vine media hora antes.
Compañeradetrabajoconelpelopasadoporlaplanchitaylacaradepelotuda:
- Ay! Es que eres tontaaaa!
Valentina:
-Bueno, para trabajar acá no se necesitan muchas luces...
Otra compañera de trabajo con cara de orto (rodeada de tres más que me miraban con cara de "soy pelotuda pero mirá que eso lo entendí":
- ¿Nos estás llamando tontas?
Valentina:
- Nooooooo, era un chiste!!! (ouch!, ésta va para el blog).
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Acto seguido: Organizaron un amigo invisible y no me invitaron.


















El gran Pae Chino dandome otra alegría infinita junto a la divina de Anna, cuando me llaman para avisarme que habían conseguido carnet para todos y que íbamos el martes a ver al Barça al Camp Nou por la Champion!!! AAaaaaaaaaaggghhh!!









