martes, 1 de junio de 2010

Otra sobre finales



Me encontraba una vez más y después de tanto tiempo trabajando en un cumpleaños infantil pintando niños en una desenfadada casa de fiestas en la montaña cerca del cielo, con Barcelona como panorámica. Cuando tímidamente se acerca Marc y me pide que le pinte en el brazo la daga del Príncipe de Persia que tenía en ese momento en la mano como su juguete preferido de turno. Con los colores en la mesita plástica de 50 cm de altura, me dispuse a reproducirle la daga tal cual él quería, a pesar de mis limitaciones para la copia del natural.
Como Marc tiene 6 años y escasos conocimientos de realismo pictórico, quedó infinitamente fascinado con la obra maestra que ahora llevaba en el brazo.
Una vez terminé, sonrió, la comparó con la de plástico, me felicitó, corrió a mostrarle su papa, a su hermano Oriol y así siguió hasta desaparecer de mi campo sonoro-visual.
Más tarde cuando yo ya pintaba a otro niño, Marc se acercó y me preguntó cuánto le iba a durar el maquillaje en su brazo. Antes de que yo pudiera responderle, su padre al lado comentó “durará hasta esta noche hijo, cuando te vayas a duchar, ya verás...”.
La cara de desolación del niño no tenía consuelo, me increpa con su mirada como rogándome que esa daga le durara al menos el tiempo suficiente como para mostrársela a todos sus compañeritos de la escuela, o en el mejor de los casos, para siempre.

Yo levanto la cabeza, miro a Marc, respiro profundamente y poniendo cara de “se viene una máxima” y le digo pausadamente y haciendo énfasis en la tercera palabra: "Lo bueno SIEMPRE dura poco".
Su mamá me sonríe cómplice, mira a su hijo y susurra mirando en lontananza un “ya lo aprenderás”, como quién todavía no se resigna a hacerlo.


lunes, 31 de mayo de 2010

Sobre finales


Los finales son algo que siempre me han costado mucho. Entender que todo se termina, que todo tiene un irremediable fin, esas pequeñas muertes cotidianas incluso las más pelotudas, son un tema que tengo pendiente por resolver. En estos días y a raíz de algunos acontecimientos saqué de mi caja de recuerdos una teoría que aprendí en las lindas épocas de juegos y recreación.

La teoría plantea cómo identificar cuándo llegó el momento del final. Cuando se plantea un juego, por ejemplo la legendaria mancha pancho* en un grupo cualquiera de escolares hiperactivos, se pueden distinguir las etapas a continuación: primero la persona que plantea el juego o coordinador luego de captar la atención de todos pasa a enumerar las reglas de la actividad siguiente: de qué se trata el juego, que se puede hacer y qué no. Una vez finalizada la explicación, con una cuenta regresiva o al golpe de las palmas se empieza a jugar.

Si se pudiera trazar una curva de la relación tiempo-gozadera del juego, encontraríamos que a medida que los niños empiezan a correr y a eludir compañeritos, el número de risas y la cantidad de diversión se incrementa.

Pero llega un momento, no se puede precisar bien cuándo, que esta curva llega a su cresta e inmediatamente empieza a decaer y el aburrimiento empieza a expandirse entre los jugadores cual peste.

Hay que estar muy atento a este momento. Es importante ser capaz de identificarlo. Cuando el juego está en lo mejor, es cuando hay que terminarlo. Se cambia a otro tipo de mancha, se vuelve a reunir al grupo y se le vuelve a explicar otra dinámica o directamente se corta el mambo. Para que se queden con ganas de seguir jugando. Para que se queden con el recuerdo de que estuvo bueno. Para que la próxima vez que les digas "vamos a jugar a la mancha pancho" les brillen los ojos de felicidad. Para todo esto, al juego hay que matarlo justo antes de que empiece a morir.




*mancha: juego infantil donde un niño se encarga de tocar a los demás, quienes correrán por todo el espacio para no ser “manchados”. En el caso de la mancha pancho, el manchado queda detenido, teniendo que acostarse en el suelo con sus brazos pegados a su torso y sus piernas estiradas a modo de “pancho” (frankfurt), hasta que otro de sus compañeros que no haya sido manchado le pase por arriba con las piernas abiertas (cual surtidor de mostaza).


lunes, 24 de mayo de 2010

Maghama: tres cortitas



En Maghama no conocen ningún zoológico. Dicen Conocer el queso pero lo dudamos.

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Hay momentos en los que el sol parece una luna plateada.

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Hoy me desperté con gotitas en la cara. Llovió dulce y pausadamente durante menos de 3 minutos. Todavía no había ni empezado a aclarar, así que volví a cerrar los ojos con una sonrisa que agradecía el refrescante regalo.

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lunes, 17 de mayo de 2010

A un año del chau

viernes, 14 de mayo de 2010

Maghama y los juegos




Lo bueno de que no haya juguetes es volver a descubrir todos los juegos que llevamos adentro.

Larailailero, larailailero, larailailero-lero-lero-lai.

martes, 11 de mayo de 2010

Maghama y los niños




Los niños son salvajes: tienen toda la dulzura y la luz propopia de su edad pero son criados a latigazos y por momentos se comportan como animalitos.
Nadie les explica, nadie los abraza, nadie los besa.
Sonrien.
Siempre o casi siempre.
Hay miles.
Salen por todos lados.
En la calle no hay peligro y en la casa nada para hacer.
Bueno, en la calle tampoco hay nada para hacer.
Se juntan.
No tienen juguetes.
Solo los primeros tres hijos de cada familia pueden ir a la escuela.
Estos niños carecen absolutamente de todos los estímulos que a nosotros nos sobran.
El mundo fuera del mundo.
El lugar olvidado.
Se aburren.
Aunque creo que me aburro más yo de mirarlos que ellos.
Los días pasan y no pasa nada, ni para los chicos ni para los grandes.
La expectativa de vida es de 54 años.
La vida y la muerte son cosas de todos los días.

Y nosotros acá, yendo contra la inercia de intentar que hagan algo.
El termómetro se rompió porque el calor fundió el vidrio.
Y la iniciativa.

domingo, 9 de mayo de 2010

Maghama y el tiempo



La vida en Maghama transcurre muy lento. Es por eso que nosotros sentimos que hace como cinco años que estamos acá, cuando en realidad no llevamos ni un mes (creo).
De aquí que sale la teoría de Matthías: no es que la gente viva menos, es que el tiempo va tan despacio que uno envejece antes.

Crónica desde Maghama




Escribimos básicamente para que usted (familiar, amigo, colaborador, futuro voluntario, curioso, hijo, esposa, madre, padre o tutor) que ha accedido a la web de DSR para obtener alguna noticia de la expedición, pueda apagar su ordenador con la tranquilidad de las buenas noticias.
Estamos bien.
Eso es lo primero.
En Maghama pasan muchas cosas al mismo tiempo, pero lo más destacable, luego de decir que todos estamos bien, es que en Maghama hace mucho calor. MUCHO. A esa temperatura que se está imaginando, súmele 20 grados más, arena y humedad. Ahora piense cuántos litros de agua bebería al día bajo estas condiciones, y réstele el mismo número. Ahora imagine un líquido caliente como el té, pero con sabor a frenadol. Ahora hidrátese con eso. Incluso llegue a refregárselo por la cara en una situación límite.
Pero no estamos solos, por suerte estamos acompañados de unos infinitos granitos que han aparecido en nuestro cuerpo con lindas cabecitas blancas y verdes, que vienen con nosotros a donde sea que vayamos.
Tan infinitos como los pequeños gritones que repiten hasta el éxtasis karmiko “commont tu t’apelle?”. Su éxtasis, no el nuestro. Los pequeños diablos han conseguido que entendamos los métodos expeditivos de sus mayores, basados principalmente en la violencia extrema.
Nos despertamos a la hora que sale el sol o en su defecto, diez minutos después cuando el molesto ringtone de Christian nos recuerda que el día empezó. Es ahí cuando bajamos de la terraza de Ifra para desayunar e inmediatamente nos repartimos en las tareas estipuladas: huerto, hospital, basuras, escuelas y el nuevo centro cultural. Trabajamos hasta que el calor nos doblega, nos licua y nos roba toda dignidad ante cualquier líquido por debajo de los 45 grado. Justo en ese momento volvemos a nuestra base de acción para comer y dejarnos sumergir en las profundidades del agobio de las 2 de la tarde. Es así que comienza la eterna búsqueda del inexistente lugar propicio para la digestión y el descanso. Más niños, más calor y sesudas tesis sobre las posiciones gimnásticas que permiten anestesiar el termostato interno; sobre el poder de la psiquis para vencer el sofoco; sobre el porqué el aire es más caliente que el propio sol. Cuando se hacen las 6 y sentimos que se puede volver a respirar, retomamos nuestra vitalidad y nuestras actividades. Ya reventados de vuelta a casa, nos higienizamos a base de toallitas de bebé (no suele quedar agua a esas horas), nos ponemos las linternas en la frente y dejamos caer nuestros cuerpos al suelo antes de cenar. Masticando la riquísima comida que aquí nos regalan, empezamos a compartir los mil momentos del día que hacen que todo el esfuerzo haya valido la pena: la generosidad sin límites, las miradas cómplices desde otro mundo, los abrazos de un cálido del que conforta, las risas compartidas entre 18 extraterrestres de galaxias tan distantes, los ritmos que nos acompañan, la música que nos brota. Lo aprendido cada día sobre nosotros y sobre los otros, sobre lo que necesitamos y lo que no. Lo que nos enseñan a cada rato éstos a los que queríamos ayudar…
Ya con la panza llena, los motivos refrescados y el cuerpo casi inerte (si no fuera por el dolor que lo recorre) sonreímos tumbados boca arriba, mirando cada uno a su estrella preferida, que aquí hemos descubierto que no son estrellas si no galaxias (nos lo contó Andreu). Y nos dejamos vencer por el sueño, con la perspectiva inevitable de otro día de sol y calor, pero con la certeza de que volverá a valer la pena.

Pedrín: “Hace mucho caló. Ojú qué caló!!! Niños muchos niños convertidos en estrellas al caer la tarde.”
Pablo: “Pue… tengo el cerebro licuado ahora mismo”
Andreu: “A más calor menos agua, y a menos agua más calor,… Es el círculo vicioso. ¡Quiero ser virtuoso!”
Hernán: “Tengo sudadas las canicas”.
Beto: “Mama, ya entendí cuando me decias bajo el sol ^Ponte Creem^”
Christian Vargas: “Próximo Proyecto: “Maghama Beach”
Christian Davila: “Joovenes cantantes!!! Morumi yam tam!!
Orbe: “Asul: aunque no hablo pular, siempre doy tus saludos a los niños de África”.
Oriol: “Aquí se ven las estrellas”.
Pedro: “De la Pacha Mamma al asfalto. ¿Vuelvo?”
Andy: “He cambiado mis planes, 20 hijos son suficientes”
Mati: “Mamá: te hecho de menos, pero a la cerveza mas”
Francesca: “Hay tantos niños como pájaros. Y por cierto, Mamá: sí que como, pero no me ducho como quisieras”.
Valentina: “Euge: conocí a los niños más divertidos del mundo: no paran nunca de cantar, de bailar y de jugar. La próxima vez tenés que venir conmigo”.
Miquel M: Je m´appail Miquel… sin parar! Nunca olvidaré mi nombre.. lo repito 100.000 veces al dia..
Mauro: “Viaje cotidiano… y recién empieza”
Lionel:”Con el valor de una casa en Barcelona, una familia de Maghama puede vivir más de 500 años. ¿Quién ha perdido los valores esenciales?”
Miguel: “MIKEL, MIKEL, MIKEL…. La próxima vez me lo tatúo en la frente”

viernes, 7 de mayo de 2010

Espejitos africanos


sonrisas luciérnagas,
música flotante,
aire caliente,
tierra volátil,
alegría del encuentro,
corazón agrandado,
piel curtida,
emociones incisivas,
colores infinitos,
amor universal,
caricias cercanas,
mundo nuevo,
mirarse en nuevos viejos espejos,
viejos fantasmas,
deshacer reinventando,
encontrar un sentido,
honrar la vida.

jueves, 11 de marzo de 2010

Hoy sentí.

Que a los amigos hay que quererlos tal cual son.
Que no hay que esperar ni tener grandes expectativas, sinó ir al encuentro y a estar listo para lo que viene: lo inesperado.
Qué ¡claro! La felicidad no es ese estado perfecto donde todo es inmaculado, sino episodios super cortitos y desubicados y que hay que estar alerta.
Que no soy tan fuerte como creo ni tan valiente como quiero.
Que el miedo paraliza.
Que hay que estar atenta a las señales.
Que el encuentro es lo más lindo que puede pasar.
Que amo los pijamas partys y las fotos de más de 10 años de antiguedad.
Que la amistad permanece intacta en el tiempo.
Que hay cosas que cambian todo el tiempo, pero que hay cosas que no cambian más.
Que quisiera detener el tiempo.
Que me está costando un huevo irme.

jueves, 22 de octubre de 2009

De noche NO todos los gatos son pardos...


"Maskerade Bodypainting Festival"
Venlo, Holanda
octubre 2009.
pintura fluo.

allí estuvimos.
seguimos por estos lados... en la tavuel.
ustedes?

martes, 18 de agosto de 2009

Más sobre la suerte

jueves, 13 de agosto de 2009

El de la consola


Yo creo que debe de haber un tipo con una consola gigante como las de los estudios de grabación, o como las de los controles de los canales de televisión, pero con miles y miles de perillitas y botones. Este hombre regula la buena y la mala suerte de las personas y el muy hijo de puta, al contrario de lo que quisieron hacernos creer, le importa absolutamente un pepino su trabajo y es un tipo cincuentón que pasa el día echado pa atrás en su sillita de oficina, dejando bien en alto su inmensa cervecera, tan mediocre y tan pelotudo que poco le importa lo que está haciendo, porque el cargo que él tiene goza de inamoviblidad, y está esperando jubilarse para dejar de una vez las perillas y los botones y tirarse en una playa para nunca más volver.

Este hombre en una típica actitud de Homero Simpson en la planta nuclear de springfield, se encarga de que la suerte esté bien repartida en el mundo. Como todos ya sabemos, hace muy mal su trabajo. Y yo creo que ésta sería una buena explicación de las cosas que están pasando. El gordo varía las perillitas para un lado y para el otro, alternadamenete. El tema es que muchas veces se le va la mano, o se entretiene comiendo un pan con grasa y deja tu perillita inclinada para alguno de los dos lados durante mucho tiempo, en el mejor de los casos, para el lado de la buena suerte. Lo mejor es cuando por ahí cebando un mate y con un ligero movimiento de codo, lleva la palanquita de la buena suerte hasta su tope, sin querer, y se distrae leyendo el suplemento deportivo del diario de turno.

Pero llega un momento que se da cuenta, te mira y te ve que estás feliz de la vida, chocha, gozando de tu buena suerte y ahí dice "bueno, la alegría va por barrios, y de éste se está yendo..." y ahí hace un giro de 180 grados y te caga la vida, y todo lo que venía sobre ruedas se entra a trancar y ahí volves a confirmar una vez más, que el gordo existe y que cuando se giró para ponerle más agua al termo vio que ya te tocaba a vos el cambio de carga.

lunes, 10 de agosto de 2009

"La Tregua" pedacito 3: Porque pasaron 50 años y tiene una vigencia innegable

Ocho de la mañana. Estoy desayunando en el Tupí. Uno de mis mayores placeres. Sentarme junto a cualquiera de las ventanas que miran hacia la Plaza. Llueve. Mejor todavía. He aprendido a querer ese monstruo folklórico que es el Palacio Salvo. Por algo figura en todas las postales para turistas. Es casi una representación del carácter nacional: guarango, soso, recargado, simpático. Es tan, pero tan feo, que lo pone a uno de buen humor. Me gusta el Tupí a esta hora, bien temprano, solo hay uno que otro viejo aislado leyendo El Día o El Debate con increíble fruición. La mayoría son jubilados que no han podido apearse de sus madrugones. ¿Seguiré yo viniendo al Tupí cuando me jubile? ¿No podré acostumbrarme a disfrutar de la cama hasta las once, como un hijo de director cualquiera? La verdadera división de las clases sociales, habría que hacerla teniendo en cuenta la hora en que cada uno se tira de la cama.

Se acerca Biencamano, el mozo amnésico, eficientemente cándido y risueño. Por quinta vez le pido un cortado chico con medias lunas, y él me trae un café largo con travistas. Es tanta su buena voluntad, que me doy por vencido. Mientras yo echo los cuadrados de azúcar en el pocillo, él me habla del tiempo y del trabajo. “Esta lluvia le molesta a la gente, pero yo digo:¿estamos en invierno o qué?” Yo le doy la razón, porque es evidente que estamos en invierno. Después lo llama un señor de la mesa del fondo, bastante molesto porque Biencamano le trajo algo que él no había encargado. Es uno que no se da por vencido. O quizá es un mero argentino que vino a hacer su semanal negocito de dólares y todavía no conoce las costumbres de la casa.

En la segunda parte de mi festín, entran los diarios. Hay días en que los compro todos. Me gusta reconocer sus constantes. El estilo de cabriola sintáctica en los editoriales de El Debate; la civilizada hipocresía de El País; el mazacote informativo de El Día, apenas interrumpido por una que otra morisqueta anticlerical; la robusta complexión de La Mañana, ganadera como ella sola. Qué diferentes y qué iguales. Ente ellos juegan una especie de truco, engañándose unos a otros, haciéndose señas, cambiando de parejas. Pero todos se sirven del mismo mazo, todos se alimentan de la misma mentira. Y nosotros leemos, y, a partir de esa lectura creemos, votamos, discutimos, perdemos la memoria, nos olvidamos generosa, cretinamente, de que hoy dicen lo contrario de ayer, que hoy defienden ardorosamente a aquel de quien ayer dijeron pestes, y , lo peor de todo, que hoy ese mismo aquél acepta, orgulloso y ufano, esa defensa. Por eso prefiero la espantosa franqueza del Palacio Salvo, porque siempre fue horrible, nunca nos engañó, porque se instaló aquí, en el sitio más concurrido de la ciudad, y desde hace treinta años nos obliga a que todos, naturales y extranjeros, levantemos los ojos en homenaje su fealdad. Para mirar los diarios hay que bajar los ojos.



Mario Benedetti
La Tregua (1960)

viernes, 31 de julio de 2009

"La Tregua" pedacito 2: Grandes verdades nunca antes tan claras sobre el trabajo y la burla

“… En las oficinas no hay amigos; hay tipos que se ven todos los días, que rabian juntos o separados, que hacen chistes y se los festejan, que se intercambian sus quejas y se trasmiten sus rencores, que murmuran del Directorio en general y adulan a cada director en particular. Esto se llama convivencia, pero sólo por espejismo la convivencia pude llegar a parecerse a la amistad. En tantos años de oficina, confieso que Avellaneda es mi primer afecto verdadero. Lo demás tiene la desventaja de la relación no elegida, del vínculo impuesto por las circunstancias. ¿Qué tengo yo de común con Muñóz, con Méndez, con Robledo? Sin embargo, a veces nos reímos juntos, tomamos alguna copa, nos tratamos con simpatía. En el fondo, cada uno es un desconocido para los otros, porque en este tipo de relación superficial se habla de muchas cosas, pero nunca de las vitales, nunca de las verdaderamente importantes y decisivas. Yo creo que el trabajo es el que impide otra clase de confianza; el trabajo, esa especie de constante martilleo, o de morfina, o de gas tóxico. Alguna vez, uno de ellos (Muñóz especialmente) se me ha acercado para iniciar una conversación realmente comunicativa. Ha empezado a hablar, ha empezado a delinear con franqueza su autorretrato, ha empezado a sintetizar los términos de su drama, de ese módico, estacionado, desconcertante drama que atosiga la vida de cada cual, por más hombre-promedio que se sienta. Pero siempre hay alguien que llama desde el mostrador. Durante media hora él tiene que explicar a un cliente moroso la inconveniencia y el castigo de la mora, discute, grita un poco, seguramente se siente envilecido. Cuando vuelve a mi mesa, me mira, no dice nada. Hace el esfuerzo muscular correspondiente a la sonrisa, pero las comisuras se le doblan hacia abajo. Entonces toma una planilla vieja, la arruga en el puño, concienzudamente, y después la tira al cesto de papeles. Es un simple sustitutivo; lo que no sirve más, lo que tira al cesto, es la confidencia. Sí, el trabajo amordaza la confianza. Pero también existe la burla. Todos somos especialistas en la burla. La disponibilidad de interés hacia el prójimo hay que gastarla de algún modo; de lo contrario, se enquista y sobreviene la claustrofobia, la neurastenia, qué sé yo. Ya que no tenemos la suficiente valentía, la suficiente franqueza como para interesarnos amistosamente por el prójimo (no el prójimo nebuloso, bíblico, sin rostro, sino el prójimo con nombre y apellido, el prójimo más próximo, el que escribe en el escritorio frente al mío y me alcanza el cálculo de intereses para que yo lo revise y ponga mi inicial de visto-bueno), ya que renunciamos voluntariamente a la amistad, bueno, pues entonces, vamos a interesarnos burlonamente por ese vecino que a través de ocho horas es siempre vulnerable. Además, la burla proporciona una especie de solidaridad. Hoy el candidato es éste, mañana es aquél, pasado seré yo. El burlado maldice en silencio, pero pronto se resigna, sabe que esto es sólo una parte del juego, que en el futuro cercano, a lo mejor dentro de una hora o dos, podrá elegir la forma de desquite que mejor coincida con su vocación. Los burladores, por su parte, se sienten solidarios, entusiastas, chispeantes. Cada vez que uno de ellos le agrega a la burla un condimento, los otros festejan, se hacen señas, se sienten rijosos de complicidad, sólo falta que se abracen y griten los hurras. Y qué alivio reírse, incluso cuando hay que aguantar la risa porque allá en el fondo ha asomado el gerente su cara de sandía, qué desquite contra la rutina, contra el papeleo, contra esa condena que significa estar ocho horas enredado en algo que no importa, en algo que hace hinchar las cuentas bancarias de esos inútiles que pecan por el mero hecho de vivir, de dejarse vivir, de eso inanes que creen en Dios sólo porque ignoran que hace mucho tiempo que Dios ha dejado de creer en ellos. La burla y el trabajo. ¿En qué difieren, después de todo? Y qué trabajo nos da la burla, qué fatiga. Y qué burla es este trabajo, qué mal chiste.”



Mario Benedetti
La Tregua (1960)

martes, 28 de julio de 2009

"La Tregua" pedacito 1: Teoría sobre la felicidad o de cómo nos gusta repetir las convicciones de nuestros padres

"Y tu madre, ¿qué dice de mi?" Mi trauma psíquico proviene de la madre de Isabel.
"¿De vos? Nada. Dice de mí." Terminó con el resto del champán que quedaba en la copa y se limpió los labios con la servilletita de papel. Ya no le quedaba nada de pintura.
"Dice de mí que soy una exagerada, que no tengo serenidad."
"¿Con respecto a lo nuestro o con respecto a todo?"
"A todo. La teoría de ella, la gran teoría de su vida, la que la mantiene en vigor es que la felicidad, la verdadera felicidad, es un estado mucho menos angélico y hasta bastante menos agradable de lo que uno tiende siempre a soñar. Ella dice que la gente acaba por lo general sintiéndose desgraciada, nada más que por haber creído que la felicidad era una permanente sensación de indefinible bienestar, de gozoso éxtasis, de festival perpetuo. No, dice ella, la felicidad es bastante menos (o quizá bastante más, pero de todos modos es otra cosa) y es seguro que esos presuntos desgraciados son en realidad felices, pero no se dan cuenta, no lo admiten, porque ellos creen que están muy lejos del máximo bienestar. Es algo semejante a lo que pasa con los desilusionados de la Gruta Azul. La que ellos imaginaron es una gruta de hadas, no sabían bien cómo era, pero sí que era una gruta de hadas, en cambio llegan allí y se encuentran con que todo el milagro consiste en que uno mete las manos en el agua y se las ve levemente azules y luminosas."
Evidentemente, le agrada relatar las reflexiones de su madre. Creo que las dice como una convicción inalcanzable para ella, pero también como una convicción que ella quisiera fervientemente poseer.




Mario Benedetti
La Tregua (1960)


lunes, 13 de julio de 2009

Laaarrrrrrrrrrrrrrrgaron


12 de julio de 2009

Hoy por primera vez desde hace casi un año vuelvo a salir de
España. Si me lo hubieran dicho un año atrás, me hubiera muerto del susto y no lo hubiera creído. El tema es que sin pensarlo me instale en Barcelona y eso de "ahorrar para viajar x meses" fue inviable, ya que acá siempre anduve con lo justito. Y además si hay algo que aprendí o mejor dicho, reconfirme desde que estoy acá es que soy terrible con las finanzas. Entre despreocupada, inconsciente y burra. Asi como para administrar el tiempo, soy igual administrando el dinero, mi gen judío en este caso brilla por su ausencia.
Ahora me espera una maraton de trenes como para confirmar la reflexi
ón anterior, llegué tarde al primero que me tenia que tomar, el que iba de Barcelona a Reus. Al final me salió bien porque encontré un bus que salia de la estación de Sants y me dejaba directamente en el aeropuerto, sin necesidad de tomar otros buses. Como me conozco ya puedo prever mis eternas y compulsivas llegadas tarde, por lo que ahora a pesar de haber perdido el bus, faltan dos horas para embarcar y creo que nunca llegue tan temprano a ningún lado, por lo que estoy en la cafetería comiendo mi desayuno-almuerzo con un café con leche y un bocadillo de tortilla (si, de tortilla de papas... se nota que ya hace un ano que estoy acá?), bien llenador para que no venga el hambre hasta tarde.

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Reus es una mierda comparado con Carrasco (antes de la reforma). Me tuve que ir de la cafetería porque estaba lleno de moscas y me estaban volviendo loca. Cosas que acotar: en Alemania hay entre 8 y 10 grados menos que acá, lo que corrobore unos minutos antes de salir de casa, por lo que tengo abrigo pero nose si sera suficiente. Pese las mochilas y estoy dentro de lo permitido, lo que es una buena noticia porque nose que mierda iba a hacer acá con las cosas que no pudiera levar. El bolso de mano pesa 7 kilos (permiten hasta 10) y 10 la mochila grande (hasta 15). Lo que si es un poco jodido para la rodilla, ya que además de los 5 o 6 kilos que tengo de sobrepeso siempre, ahora le agrego 17 mas. Veremos como la llevo...

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Esto es una mierda pero creo que el problema es mio que como buena sudamericana me olvido que aca volar en avión no es un lujo: el vuelo a Memmingen me salio 10 euros: mas barato que un Rutas del Sol a Valizas.

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Cuando estaba esperando la hora de embarcar me di cuenta que esa sensaci
ón tan clásica a empezar un viaje de "me estoy olvidando de algo importante pero nose que es" esta vez era justificada: no puse en la mochila el cable para descargar las fotos de la cámara, así que hasta que vuelva no podre adelantar ninguna imagen... va a haber que esperar!!

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Luego del ritual de ir a perfumarme al freeshop, subimos al avión menos, mucho menos confortable que un Rutas del Sol. Creo que fue la ultima vez que escucho español vaya a saber hasta cuando.

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Memmingen desde el cielo es perfecta, es como una maqueta gigante. Ya desde el tupperware con alas, una ya se puede dar cuenta que ha dejado la madre-patria-pseudoprimermundista para adentrarse en el primer mundo propiamente dicho. Empezar a aterrizar es como meterse en un playmovil gigante, o como la escena de Big fish donde estan los zapatitos colgando. Miro pero todavía no encontré los zapatitos.






viernes, 10 de julio de 2009

Terrible día



Hoy por primera vez luego de un mes y 3 días salí de casa sin muleta.
Hoy empecé a animarme a volver a mover mi rodilla acartonada.
Hoy fue mi último día de trabajo, hoy empecé mis vacaciones.
Hoy me compré mi primera cámara de fotos, reflex, una Nikon 60D.
Estoy contentísima.


martes, 7 de julio de 2009

Ver para creer





La Barceloneta a eso de las 20 horas es absolutamente disfrutable a esta altura del año. Yo venía caminando con mi ya característica muleta, absolutamente distraída cuando alguien a quien nunca había visto antes se cruza de frente y me pregunta.


- ¿Eres espejito espejito?




jueves, 2 de julio de 2009

Boca sucia

A última hora me quedé sin promotora. Puta madre. Me llama la muy infradotada que se le murió el gato y que lo tiene que enterrar, o alguna excusa de la misma índole así que no va a poder ir al centro Carrefour a hacer la promoción mañana. Corto el teléfono y digo, sin gritar pero con ganas y poniendo kilos de énfasis en la "nch":

- Pero qué pedazo de connnnchuda...

Mis compis están acostumbradas ya, alguna larga una risita. Yo hago catarsis y no puedo creer como una palabra tan grosera, tan grotesca acá no quiera decir nada. Lo bueno de estar lejos de allá es que me puedo permitir estas licencias del lunfardo, aún en el ambiente más "pijo".