domingo, 20 de junio de 2010
Nada exageres ni excluyas
Para ser grande sé entero
nada tuyo exageres o excluyas
sé todo en cada cosa,
pon cuanto eres en lo mínimo que hagas.
Por eso la luna brilla toda en cada lago,
porque alta vive.
Fernando Pessoa
martes, 15 de junio de 2010
Seguridad

El término seguridad proviene de la palabra "securitas" del latín. Cotidianamente se puede referir a la seguridad como la ausencia de riesgo o también a la confianza en algo o alguien. Sin embargo, el término puede tomar diversos sentidos según el área o campo a la que haga referencia.
La seguridad es un estado de ánimo, una sensación, una cualidad intangible. Se puede entender como un objetivo y un fin que el hombre anhela constantemente como una necesidad primaria.
(Wikipedia)
sábado, 12 de junio de 2010
Mundo mundial
martes, 8 de junio de 2010
No ser del montón
Una vez una gran mujer dijo:
“... una tiene que entender que una no es una mujer estándar. Por lo que no vamos a tener una relación estándar con un hombre estándar...”
viernes, 4 de junio de 2010
Primavera en Barcelona
- Vale, ¿estás durmiendo?
- No... pasá.
- Buen día... me pidió la portera que por favor no cantaras tan fuerte por las mañanas porque los vecinos de abajo se quejaron.
- …
- Si, es que es una oficina y se escucha todo.
- Ta.
martes, 1 de junio de 2010
Otra sobre finales
Como Marc tiene 6 años y escasos conocimientos de realismo pictórico, quedó infinitamente fascinado con la obra maestra que ahora llevaba en el brazo.
Una vez terminé, sonrió, la comparó con la de plástico, me felicitó, corrió a mostrarle su papa, a su hermano Oriol y así siguió hasta desaparecer de mi campo sonoro-visual.
Más tarde cuando yo ya pintaba a otro niño, Marc se acercó y me preguntó cuánto le iba a durar el maquillaje en su brazo. Antes de que yo pudiera responderle, su padre al lado comentó “durará hasta esta noche hijo, cuando te vayas a duchar, ya verás...”.
La cara de desolación del niño no tenía consuelo, me increpa con su mirada como rogándome que esa daga le durara al menos el tiempo suficiente como para mostrársela a todos sus compañeritos de la escuela, o en el mejor de los casos, para siempre.
Yo levanto la cabeza, miro a Marc, respiro profundamente y poniendo cara de “se viene una máxima” y le digo pausadamente y haciendo énfasis en la tercera palabra: "Lo bueno SIEMPRE dura poco".
Su mamá me sonríe cómplice, mira a su hijo y susurra mirando en lontananza un “ya lo aprenderás”, como quién todavía no se resigna a hacerlo.
lunes, 31 de mayo de 2010
Sobre finales
Los finales son algo que siempre me han costado mucho. Entender que todo se termina, que todo tiene un irremediable fin, esas pequeñas muertes cotidianas incluso las más pelotudas, son un tema que tengo pendiente por resolver. En estos días y a raíz de algunos acontecimientos saqué de mi caja de recuerdos una teoría que aprendí en las lindas épocas de juegos y recreación.
La teoría plantea cómo identificar cuándo llegó el momento del final. Cuando se plantea un juego, por ejemplo la legendaria mancha pancho* en un grupo cualquiera de escolares hiperactivos, se pueden distinguir las etapas a continuación: primero la persona que plantea el juego o coordinador luego de captar la atención de todos pasa a enumerar las reglas de la actividad siguiente: de qué se trata el juego, que se puede hacer y qué no. Una vez finalizada la explicación, con una cuenta regresiva o al golpe de las palmas se empieza a jugar.
Si se pudiera trazar una curva de la relación tiempo-gozadera del juego, encontraríamos que a medida que los niños empiezan a correr y a eludir compañeritos, el número de risas y la cantidad de diversión se incrementa.
Pero llega un momento, no se puede precisar bien cuándo, que esta curva llega a su cresta e inmediatamente empieza a decaer y el aburrimiento empieza a expandirse entre los jugadores cual peste.
Hay que estar muy atento a este momento. Es importante ser capaz de identificarlo. Cuando el juego está en lo mejor, es cuando hay que terminarlo. Se cambia a otro tipo de mancha, se vuelve a reunir al grupo y se le vuelve a explicar otra dinámica o directamente se corta el mambo. Para que se queden con ganas de seguir jugando. Para que se queden con el recuerdo de que estuvo bueno. Para que la próxima vez que les digas "vamos a jugar a la mancha pancho" les brillen los ojos de felicidad. Para todo esto, al juego hay que matarlo justo antes de que empiece a morir.
lunes, 24 de mayo de 2010
Maghama: tres cortitas

En Maghama no conocen ningún zoológico. Dicen Conocer el queso pero lo dudamos.
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Hay momentos en los que el sol parece una luna plateada.
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Hoy me desperté con gotitas en la cara. Llovió dulce y pausadamente durante menos de 3 minutos. Todavía no había ni empezado a aclarar, así que volví a cerrar los ojos con una sonrisa que agradecía el refrescante regalo.
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lunes, 17 de mayo de 2010
viernes, 14 de mayo de 2010
Maghama y los juegos
martes, 11 de mayo de 2010
Maghama y los niños

Los niños son salvajes: tienen toda la dulzura y la luz propopia de su edad pero son criados a latigazos y por momentos se comportan como animalitos.
Nadie les explica, nadie los abraza, nadie los besa.
Sonrien.
Siempre o casi siempre.
Hay miles.
Salen por todos lados.
En la calle no hay peligro y en la casa nada para hacer.
Bueno, en la calle tampoco hay nada para hacer.
Se juntan.
No tienen juguetes.
Solo los primeros tres hijos de cada familia pueden ir a la escuela.
Estos niños carecen absolutamente de todos los estímulos que a nosotros nos sobran.
El mundo fuera del mundo.
El lugar olvidado.
Se aburren.
Aunque creo que me aburro más yo de mirarlos que ellos.
Los días pasan y no pasa nada, ni para los chicos ni para los grandes.
La expectativa de vida es de 54 años.
La vida y la muerte son cosas de todos los días.
Y nosotros acá, yendo contra la inercia de intentar que hagan algo.
El termómetro se rompió porque el calor fundió el vidrio.
Y la iniciativa.
domingo, 9 de mayo de 2010
Maghama y el tiempo
Crónica desde Maghama

Escribimos básicamente para que usted (familiar, amigo, colaborador, futuro voluntario, curioso, hijo, esposa, madre, padre o tutor) que ha accedido a la web de DSR para obtener alguna noticia de la expedición, pueda apagar su ordenador con la tranquilidad de las buenas noticias.
Estamos bien.
Eso es lo primero.
En Maghama pasan muchas cosas al mismo tiempo, pero lo más destacable, luego de decir que todos estamos bien, es que en Maghama hace mucho calor. MUCHO. A esa temperatura que se está imaginando, súmele 20 grados más, arena y humedad. Ahora piense cuántos litros de agua bebería al día bajo estas condiciones, y réstele el mismo número. Ahora imagine un líquido caliente como el té, pero con sabor a frenadol. Ahora hidrátese con eso. Incluso llegue a refregárselo por la cara en una situación límite.
Pero no estamos solos, por suerte estamos acompañados de unos infinitos granitos que han aparecido en nuestro cuerpo con lindas cabecitas blancas y verdes, que vienen con nosotros a donde sea que vayamos.
Tan infinitos como los pequeños gritones que repiten hasta el éxtasis karmiko “commont tu t’apelle?”. Su éxtasis, no el nuestro. Los pequeños diablos han conseguido que entendamos los métodos expeditivos de sus mayores, basados principalmente en la violencia extrema.
Nos despertamos a la hora que sale el sol o en su defecto, diez minutos después cuando el molesto ringtone de Christian nos recuerda que el día empezó. Es ahí cuando bajamos de la terraza de Ifra para desayunar e inmediatamente nos repartimos en las tareas estipuladas: huerto, hospital, basuras, escuelas y el nuevo centro cultural. Trabajamos hasta que el calor nos doblega, nos licua y nos roba toda dignidad ante cualquier líquido por debajo de los 45 grado. Justo en ese momento volvemos a nuestra base de acción para comer y dejarnos sumergir en las profundidades del agobio de las 2 de la tarde. Es así que comienza la eterna búsqueda del inexistente lugar propicio para la digestión y el descanso. Más niños, más calor y sesudas tesis sobre las posiciones gimnásticas que permiten anestesiar el termostato interno; sobre el poder de la psiquis para vencer el sofoco; sobre el porqué el aire es más caliente que el propio sol. Cuando se hacen las 6 y sentimos que se puede volver a respirar, retomamos nuestra vitalidad y nuestras actividades. Ya reventados de vuelta a casa, nos higienizamos a base de toallitas de bebé (no suele quedar agua a esas horas), nos ponemos las linternas en la frente y dejamos caer nuestros cuerpos al suelo antes de cenar. Masticando la riquísima comida que aquí nos regalan, empezamos a compartir los mil momentos del día que hacen que todo el esfuerzo haya valido la pena: la generosidad sin límites, las miradas cómplices desde otro mundo, los abrazos de un cálido del que conforta, las risas compartidas entre 18 extraterrestres de galaxias tan distantes, los ritmos que nos acompañan, la música que nos brota. Lo aprendido cada día sobre nosotros y sobre los otros, sobre lo que necesitamos y lo que no. Lo que nos enseñan a cada rato éstos a los que queríamos ayudar…
Ya con la panza llena, los motivos refrescados y el cuerpo casi inerte (si no fuera por el dolor que lo recorre) sonreímos tumbados boca arriba, mirando cada uno a su estrella preferida, que aquí hemos descubierto que no son estrellas si no galaxias (nos lo contó Andreu). Y nos dejamos vencer por el sueño, con la perspectiva inevitable de otro día de sol y calor, pero con la certeza de que volverá a valer la pena.
Pedrín: “Hace mucho caló. Ojú qué caló!!! Niños muchos niños convertidos en estrellas al caer la tarde.”
Pablo: “Pue… tengo el cerebro licuado ahora mismo”
Andreu: “A más calor menos agua, y a menos agua más calor,… Es el círculo vicioso. ¡Quiero ser virtuoso!”
Hernán: “Tengo sudadas las canicas”.
Beto: “Mama, ya entendí cuando me decias bajo el sol ^Ponte Creem^”
Christian Vargas: “Próximo Proyecto: “Maghama Beach”
Christian Davila: “Joovenes cantantes!!! Morumi yam tam!!
Orbe: “Asul: aunque no hablo pular, siempre doy tus saludos a los niños de África”.
Oriol: “Aquí se ven las estrellas”.
Pedro: “De la Pacha Mamma al asfalto. ¿Vuelvo?”
Andy: “He cambiado mis planes, 20 hijos son suficientes”
Mati: “Mamá: te hecho de menos, pero a la cerveza mas”
Francesca: “Hay tantos niños como pájaros. Y por cierto, Mamá: sí que como, pero no me ducho como quisieras”.
Valentina: “Euge: conocí a los niños más divertidos del mundo: no paran nunca de cantar, de bailar y de jugar. La próxima vez tenés que venir conmigo”.
Miquel M: Je m´appail Miquel… sin parar! Nunca olvidaré mi nombre.. lo repito 100.000 veces al dia..
Mauro: “Viaje cotidiano… y recién empieza”
Lionel:”Con el valor de una casa en Barcelona, una familia de Maghama puede vivir más de 500 años. ¿Quién ha perdido los valores esenciales?”
Miguel: “MIKEL, MIKEL, MIKEL…. La próxima vez me lo tatúo en la frente”
viernes, 7 de mayo de 2010
Espejitos africanos
sonrisas luciérnagas,
música flotante,
aire caliente,
tierra volátil,
alegría del encuentro,
corazón agrandado,
piel curtida,
emociones incisivas,
colores infinitos,
amor universal,
caricias cercanas,
mundo nuevo,
mirarse en nuevos viejos espejos,
viejos fantasmas,
deshacer reinventando,
encontrar un sentido,
honrar la vida.
jueves, 11 de marzo de 2010
Hoy sentí.
Que no hay que esperar ni tener grandes expectativas, sinó ir al encuentro y a estar listo para lo que viene: lo inesperado.
Qué ¡claro! La felicidad no es ese estado perfecto donde todo es inmaculado, sino episodios super cortitos y desubicados y que hay que estar alerta.
Que no soy tan fuerte como creo ni tan valiente como quiero.
Que el miedo paraliza.
Que hay que estar atenta a las señales.
Que el encuentro es lo más lindo que puede pasar.
Que amo los pijamas partys y las fotos de más de 10 años de antiguedad.
Que la amistad permanece intacta en el tiempo.
Que hay cosas que cambian todo el tiempo, pero que hay cosas que no cambian más.
Que quisiera detener el tiempo.
Que me está costando un huevo irme.
jueves, 22 de octubre de 2009
De noche NO todos los gatos son pardos...
martes, 18 de agosto de 2009
jueves, 13 de agosto de 2009
El de la consola

Yo creo que debe de haber un tipo con una consola gigante como las de los estudios de grabación, o como las de los controles de los canales de televisión, pero con miles y miles de perillitas y botones. Este hombre regula la buena y la mala suerte de las personas y el muy hijo de puta, al contrario de lo que quisieron hacernos creer, le importa absolutamente un pepino su trabajo y es un tipo cincuentón que pasa el día echado pa atrás en su sillita de oficina, dejando bien en alto su inmensa cervecera, tan mediocre y tan pelotudo que poco le importa lo que está haciendo, porque el cargo que él tiene goza de inamoviblidad, y está esperando jubilarse para dejar de una vez las perillas y los botones y tirarse en una playa para nunca más volver.
Este hombre en una típica actitud de Homero Simpson en la planta nuclear de springfield, se encarga de que la suerte esté bien repartida en el mundo. Como todos ya sabemos, hace muy mal su trabajo. Y yo creo que ésta sería una buena explicación de las cosas que están pasando. El gordo varía las perillitas para un lado y para el otro, alternadamenete. El tema es que muchas veces se le va la mano, o se entretiene comiendo un pan con grasa y deja tu perillita inclinada para alguno de los dos lados durante mucho tiempo, en el mejor de los casos, para el lado de la buena suerte. Lo mejor es cuando por ahí cebando un mate y con un ligero movimiento de codo, lleva la palanquita de la buena suerte hasta su tope, sin querer, y se distrae leyendo el suplemento deportivo del diario de turno.
Pero llega un momento que se da cuenta, te mira y te ve que estás feliz de la vida, chocha, gozando de tu buena suerte y ahí dice "bueno, la alegría va por barrios, y de éste se está yendo..." y ahí hace un giro de 180 grados y te caga la vida, y todo lo que venía sobre ruedas se entra a trancar y ahí volves a confirmar una vez más, que el gordo existe y que cuando se giró para ponerle más agua al termo vio que ya te tocaba a vos el cambio de carga.
lunes, 10 de agosto de 2009
"La Tregua" pedacito 3: Porque pasaron 50 años y tiene una vigencia innegable
Se acerca Biencamano, el mozo amnésico, eficientemente cándido y risueño. Por quinta vez le pido un cortado chico con medias lunas, y él me trae un café largo con travistas. Es tanta su buena voluntad, que me doy por vencido. Mientras yo echo los cuadrados de azúcar en el pocillo, él me habla del tiempo y del trabajo. “Esta lluvia le molesta a la gente, pero yo digo:¿estamos en invierno o qué?” Yo le doy la razón, porque es evidente que estamos en invierno. Después lo llama un señor de la mesa del fondo, bastante molesto porque Biencamano le trajo algo que él no había encargado. Es uno que no se da por vencido. O quizá es un mero argentino que vino a hacer su semanal negocito de dólares y todavía no conoce las costumbres de la casa.
En la segunda parte de mi festín, entran los diarios. Hay días en que los compro todos. Me gusta reconocer sus constantes. El estilo de cabriola sintáctica en los editoriales de El Debate; la civilizada hipocresía de El País; el mazacote informativo de El Día, apenas interrumpido por una que otra morisqueta anticlerical; la robusta complexión de La Mañana, ganadera como ella sola. Qué diferentes y qué iguales. Ente ellos juegan una especie de truco, engañándose unos a otros, haciéndose señas, cambiando de parejas. Pero todos se sirven del mismo mazo, todos se alimentan de la misma mentira. Y nosotros leemos, y, a partir de esa lectura creemos, votamos, discutimos, perdemos la memoria, nos olvidamos generosa, cretinamente, de que hoy dicen lo contrario de ayer, que hoy defienden ardorosamente a aquel de quien ayer dijeron pestes, y , lo peor de todo, que hoy ese mismo aquél acepta, orgulloso y ufano, esa defensa. Por eso prefiero la espantosa franqueza del Palacio Salvo, porque siempre fue horrible, nunca nos engañó, porque se instaló aquí, en el sitio más concurrido de la ciudad, y desde hace treinta años nos obliga a que todos, naturales y extranjeros, levantemos los ojos en homenaje su fealdad. Para mirar los diarios hay que bajar los ojos.
Mario Benedetti
La Tregua (1960)

