lunes, 20 de diciembre de 2010

Lo mismo que todas las noches, Pinky... ¡tratar de conquistar el mundo!



Fra y yo en la cama antes de dormir, tras la visión de la versión de "Tentempié" por Kevin Johansen y Ana Prada:

v - Mirá ahora Fra... e-cuchá la segunda voz...


silencio algo prolongado.


f - Vale...

v - ... ¿si?

f - ...podríamos ser famosas.


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sábado, 18 de diciembre de 2010

miércoles, 10 de noviembre de 2010

Arrinconado

A falta de casas, coches e hijos, cuando Ismael y Nuria se separaron decidieron dividir lugares, amigos y costumbres. Ella se quedó con la pizzería del uruguayo, con las tardes de mate en el Montjuic y con las exposiciones temporales del Macba. Él conservó los mediodías de invierno al sol, frente al mar, en los silloncitos de cemento de Bogatell, los paseos en bicicleta los atardeceres de julio, agosto y septiembre y las cervezas beers en la Rambla del Raval.

Las líneas 1, 3 y 4 del metro fueron para Ismael; las demás, para Nuria.

–¿Y los autobuses? –preguntó ella.

Él suspiró, se reclinó en la silla y sentenció:

–Quedátelos todos.

Con las tertulias literarias no hubo otra que tomar una decisión salomónica: para él, primer y tercer domingo de cada mes; para ella, segundo y cuarto.

–¿Y los meses de cinco domingos? –volvió Nuria a la carga.

Ismael dudó un instante. Le tentó la idea de pelear por su momento preferido de la semana, pero supuso que una prueba de amor sería resignarlo. Ella se lo agradeció con la única sonrisa de la tarde. Él se dijo que su sacrificio había valido la pena.

Así siguieron, durante horas, dividiendo calles, supermercados, panaderías, bares de cañas, parques, plazas, cines, librerías y bibliotecas. Por la noche habían concluido un minucioso programa de privaciones y pérdidas.

Tras despedirse, Ismael pensó que el mundo era más chico. O al menos Barcelona lo era. A partir de entonces, para él, Barcelona era media Barcelona. No le preocupó tanto el perjuicio logístico de coordinar salidas con amigos, como la sensación de que perdiendo media Barcelona perdía media vida. Se esforzó por entender que ya llegaría el momento de compartir esa media vida con otra mujer, pero de inmediato concluyó que una nueva separación implicaría quedarse con un cuarto de ciudad. Haciendo un ejercicio de proyección, llegó a sentirse condenado a una piecita oscura de un piso del extrarradio.

Por séptima vez en el día, lloró.

La vuelta a la pensión en la que paraba, esquivando las calles ahora vedadas, le demandó el triple de lo habitual. De paso, compró un mapamundi, dispuesto a marcar las ciudades a las que escaparía antes de que el futuro lo arrinconara. Subió los escalones de dos en dos, repitiéndose que si algo sobraba en el mundo eran mujeres y ciudades.

Pero justo antes de entrar a su cuarto, se dio cuenta de que el puerto y el aeropuerto, las estaciones de autobuses y las de trenes, y hasta las carreteras de acceso a Barcelona habían quedado para Nuria.


Santiago Ambao

domingo, 31 de octubre de 2010

Consejo


No me pases a buscar con la guitarra al hombro,

no vayamos los dos abrazados en un taxi,

no me beses así, tan suave.

No vayamos a comer y te pidas omelette,

no me convides,

no quiero decirte que es lo más cercano a una escala de un millón de octavas.

No tomes la cerveza como si te enamorara

ese cuerpo amarillo y espeso.

No te rías moviendo los pies y ocultando la cara,

no te bañes, te enjabones

no te duermas,

no quiero decirte que no voy a olvidarme de tus ojos cerrados.


No me abraces, no me pidas te acompañe al supermercado

ni me cuentes las historias de tu infancia,

no me pases la mano por la espalda,

no me digas que querés estar conmigo algunas noches,

no camines sonriendo a la mañana,

no quiero pensar tu nombre.


No te pongas zapatillas,

ni te pongas pantalones,

no cantes,

no quieras comprarle una estufa a tus padres.


No me invites al canal,

ni a tu casa a disfrutar,

no me llames ni me escribas que me estás esperando.

No me hables y me mires con los ojos tan verdes

no enriedes mis pies en tus pies de talco

no me digas “alcanzame una toalla”,

no me abras tu corazón en las noches más oscuras

no me leas un recorte de diario

no te resfríes ni te saques una foto

no me digas que compraste un regalo a tu hijo

no me dejes el asiento en el subte,

ni me comprés jugo de naranja a la mañana

no me pongas un disco

ni me digas cuáles son tus canciones preferidas

no vivas en Barracas ni comamos locro

ni miremos por la ventana,

ni me esperes con ginebra,

ni me sostengas cuando me resbalo,

no te pongas anteojos de sol,

no llores cuando te leo un cuento,

no me incluyas en tus viajes,

ni tampoco en tus proyectos,

no quieras viajar,

no quieras viajar en barco.


No te empecines,

no pierdas la cabeza,

no me enamores sin preguntarme.



Alejandro Balbis.

martes, 19 de octubre de 2010

Punto Final


Cuando nos conocimos, ella me dijo: “Te doy el punto final. Es un punto muy valioso, no lo pierdas. Consérvalo, para usarlo en el momento oportuno. Es lo mejor que puedo darte y lo hago porque me mereces confianza. Espero que no me defraudes.” Durante mucho tiempo, tuve el punto final en el bolsillo. Mezclado con las monedas, las briznas de tabaco y los fósforos, se ensuciaba un poco; además, éramos tan felices que pensé que nunca habría de usarlo. Entonces compré un estuche seguro y allí lo guardé. Los días transcurrían venturosos, al abrigo de la desilusión y del tedio. Por la mañana nos despertábamos alegres, dichosos de estar juntos; cada jornada se abría como un vasto mundo desconocido, lleno de sorpresas a descubrir. Las cosas familiares dejaron de serlo, recobraron la perdida frescura, y otras, como los parques y los lagos, se volvieron acogedoras, maternales. Recorríamos las calles observando cosas que los demás no veían y los aromas, los colores, las luces, el tiempo y el espacio eran más intensos. Nuestra percepción se había agudizado, como bajo los efectos de una poderosa droga. Pero no estábamos ebrios, sino sutiles y serenos, dotados de una rara capacidad para armonizar con el mundo. Teníamos con nuestros sentidos una singular melodía que respetaba el orden del exterior, sin sujetarse a él.

Con la felicidad, olvidé el estuche, o lo perdí, inadvertidamente. No puedo saberlo. Ahora que la dicha terminó, no encuentro el punto final por ningún lado. Esto crea conflictos y rencores suplementarios. “¿ Dónde lo guardaste? – me pregunta ella, indignada -. ¿ Qué esperas para usarlo? No demores más, de lo contrario, todo lo anterior perderá belleza y sentido.” Busco en los armarios, en los abrigos, en los cajones, en el forro de los sillones, debajo de la mesa y de la cama. Pero el punto no está; tampoco el estuche. Mi búsqueda se ha vuelto tensa, obsesiva. Es posible que lo haya extraviado en alguno de nuestros momentos felices. No está en la sala, ni en el dormitorio, ni en la chimenea. ¿ El gato se lo habrá comido?.

Su ausencia aumenta nuestra desdicha de manera dolorosa. En tanto el punto no aparezca, estamos encadenados el uno al otro, y esos eslabones están hechos de rencor, apatía vergüenza y odio. Debemos conformarnos con seguir así, desechando la posibilidad de una nueva vida. Nuestras noches son penosas, compartiendo la misma habitación, donde el resquemor tiene la estatura de una pared y asfixia, como un vapor malsano. Tiñe los muebles, los armarios, los libros dispersos por el suelo. Discutimos por cualquier cosa, aunque los dos sabemos que, en el fondo, se trata de la desaparición del punto, del cual ella me responsabiliza. Creo que a veces sospecha que en realidad lo tengo, escondido, para vengarme de ella. “ No debí confiar en ti – se reprocha -. Debí imaginar que me traicionarías.”

Era un estuche de plata, largo, de los que antiguamente se usaban para guardar rapé. Lo compré en un mercado de artículos viejos. Me pareció el lugar más adecuado para guardarlo. El punto estaba allí, redondo, minúsculo, bien acomodado. Pero pasaron tantos años. Es posible que se extraviara durante una mudanza, o quizás alguien lo robó, pensando que era valioso.

Luego de buscarlo en vano casi todo el día, me voy de casa, para no encontrar su mirada de reproche, su voz de odio. Toda nuestra felicidad anterior ha desaparecido, y sería inútil pensar que volverá. Pero tampoco podemos separarnos. Ese punto huidizo nos liga, nos ata, nos llena de rencor y de fastidio, va devorando uno a uno los días anteriores, los que fueron hermosos.

Sólo espero que en algún momento aparezca, por azar, extraviado en un bolsillo, confundido con los otros objetos. Entonces será un gordo, enlutado, sucio y polvoriento punto final, a destiempo, como el que colocan los escritores noveles.


Contado por Mónica Martinez Paz en un cálido rincon de Barcelona, en el marco del Festival "Munt de Mots". Gracias Mónica!

domingo, 10 de octubre de 2010

So nice, so nice, so nice...


paseo otoñal sobre patines por Barcelona. Banda sonora no original: "Diablo débil" de Martín Buscaglia. Octubre 2010

jueves, 7 de octubre de 2010

El peso de las palabras


...

-Pensaba que no volverías -dije.

-Cada vez que me ves dices lo mismo -me respondió ella riendo. Se sentó, como de costumbre, en un taburete a mi lado y posó ambas manos sobre la barra-. Te dejé un mensaje en el que te explicaba que, por una temporada, no podría venir.

-Por una temporada -repetí- son palabras cuya duración no puede medir la persona que espera.

-Pero quizás haya situaciones en las que sean necesarias, ¿no crees? Casos en los que no se puedan utilizar otras -dijo.

-Y “quizás” es una palabra cuyo peso no se puede calcular.

-Sí, es verdad -admitió esbozando la leve sonrisa de siempre. Una sonrisa parecida a una suave brisa que soplara desde algún lugar lejano-. Tienes razón. Lo siento. No es que intente justificarme, pero no tenía más remedio que usarlas...”



de "Al sur de la frontera, al oeste del sol" (Haruki Murakami).

miércoles, 6 de octubre de 2010

Definición de arte

"…Nadie se sumerge en ninguna aventura esperando resultados mediocres. La gente, pese a tener un chasco nueve de cada diez veces, desea tener al menos una experiencia suprema, aunque sólo sea una vez. Y eso es lo que mueve el mundo. Eso es el arte, supongo.”


de "Al sur de la frontera, al oeste del sol" (Haruki Murakami).

viernes, 24 de septiembre de 2010

Piropo

Tarde de otoño. Parque de la Ciudadela. Día de la Mercè del año 2010. Barcelona. Diálogo mientras pintaba caras de tantos niños:

Niñamenorde8años: -Eso con lo que pintas, esos colores... ¿son pintura?
yo: -Sí, claro.
Niñamenorde8años: -Ah... es que parece magia....

miércoles, 22 de septiembre de 2010

Es que, cuando te disparan, sangras.


"... Hace tiempo, cuando se estrenó “Grupo Salvaje”, de Sam Peckinpah, en la rueda de prensa una periodista alzó la mano y preguntó en tono inquisitivo: “¿Qué necesidad creen que hay de mostrar tanta sangre?”. Ernest Borgnine, uno de los actores, respondió con aire perplejo: “Pero señora, es que, cuando te disparan, sangras”. La película se filmó en plena época de la guerra del Vietnam.

Me gusta esta frase. Posiblemente sea uno de los principios básicos de la realidad. Aceptar las cosas difíciles de desentrañar como cosas difíciles de desentrañar, aceptar el hecho de sangrar. Disparar y sangrar."

de "Sputnik, mi amor" (Haruki Murakami)

lunes, 20 de septiembre de 2010

Los recuerdos no tienen tamaño


- Perdón, ¿puede ser que te conozca?

- Puede ser... ¿Me conocés?

- No, creo que no te conozco...

- Pero te pareció que me conocías.

- Si, me pareció.

- Vos saliste...

- Entré

- Te vi en una foto

- ¿Tas seguro que era yo?

- Una foto de antes

- Estaba distinto, ¿no?

- Estás igual

- ¿A quién?

- A mi.

- ¡Entonces el de la foto sos vos!

- ¡Si, soy yo!

- ¡Qué alegría verte!

- ¿Cómo andan mis cosas?

- Supongo que “bien”, entre comillas digo, aunque hace tiempo que no las veo...

- Yo tengo un montón de cosas.

- Yo tengo algunas cosas más

- ¿Más que yo?

- No, más que las que tenía

- Yo tengo cosas de otros

- Yo tengo cosas de todos los que conozco.

- Sí, es complicada la cosa...

- ¿Qué cosa?

- ¿Te puedo hacer una pregunta?

- Dos.

- No, tengo solo una.

- ¿Cómo es?

- No, la pregunta la hago yo

- Preguntame

- ¿Te gusta que te pregunten?

- No me desagrada

- ¿Y responder te agrada?

- ¿Y la pregunta que me ibas a hacer?

- Ahora me estás preguntando vos a mí.

- Si

- Me estás respondiendo

- Eso creo

- ¿Qué es lo que crees?

- Lo que no veo

- ¿Qué no ves?

- Ahora te veo a vos.

- ¿Puede ser que me conozcas?

- Puede ser.

- Me conocés, estoy seguro que me conocés

- ¿Cómo sabés?

- Porque una vez no me viste...

- ¿Cómo no me viste verte?

- Desde el tablado se ve todo.

- Desde abajo también.

- Se ve a todo el mundo desde el tablado...

- A todo el mundo del barro...

- Del barrio querrás decir.

- Es lo mismo

- ¿Soy raro?

- Depende cómo se te mire.

- Soy raro

- ¿Con respecto a qué?

- A los otros

- Me estoy acordando de una cosa

- ¿Cuál?

- Todavía no terminé de acordarme

- ¿Demora mucho en llegar el recuerdo?

- Depende del recuerdo

- ¿Por el tamaño o por la intensidad?

- Los recuerdos no tienen tamaño

- ¿Vos te acordás de todo?

- Eh... me acuerdo mucho

- Mucho de todo

- Mucho de lo mismo

- ¡Qué aburrido mucho de lo mismo...! ¿eh?

- Es mejor un poco de todo

- De todo un poco

- Los recuerdos están en la memoria

- Adentro de la cabeza

- Detrás de la cara

- ¿Vos cuántas caras tenés?

- ¿Acá?

- ¡¿Cuántas caras tenés?!

- Tengo muchas caras

- ¿Una para cada recuerdo?

- Tanto no recuerdo

-¿Aparte de esa tenés más caras?

- Todos tenemos máscaras.

- …

- ...

- Caretas.

- Te conozco de carnaval.



Diálogo fragmento de “Murga Madre”. Edú Lombardo y Pablo Routin


miércoles, 15 de septiembre de 2010

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lunes, 6 de septiembre de 2010

Acá también...


En un tren de Cercanías de Barcelona.

jueves, 19 de agosto de 2010

viernes, 6 de agosto de 2010

Ctrl + Z





Eliminar contacto de facebook.
Eliminar contacto de gmail.
Eliminar contacto de fiestas en común, reuniones en casas de amigos, llamadas ocasionales, mensajes de texto a todas horas y encuentros bajo cualquier excusa.

Eliminar contacto...

¿Dónde estará el botón?



miércoles, 28 de julio de 2010

Cuidarse

“...-Pero a ti no te pasará nada. Tú no tienes por qué preocuparte. Aunque anduvieras por aquí de noche con los ojos cerrados, tú jamás te caerías dentro. Seguro. Y a mi, mientras esté contigo, tampoco me pasará nada.

-¿Jamás?

-Jamás.

-¿Y cómo lo sabes?

-Lo sé. - Naoko asió mi mano con fuerza. Luego siguió andando un rato en silencio-. Estas cosas las sé muy bien. De pronto las siento, y punto. Por ejemplo, ahora que estoy agarrada a ti con fuerza, no tengo miedo. Nada puede hacerme daño.

-Entonces es fácil. Basta con que estés siempre así -dije.

-¿Eso... lo dices en serio?

-Desde luego.


Naoko se detuvo. Yo también. Ella posó sus manos sobre mis hombros y se quedó mirándome fijamente. En el fondo de sus pupilas, un líquido negrísimo y espeso dibujaba una extraña espiral. Las pupilas permanecieron largo tiempo clavadas en mí. Después se puso de puntillas y acercó su mejilla a la mía. Fue un gesto tan cálido y dulce que mi corazón dejó de latir por un instante.


-Gracias -dijo Naoko.

-De nada -contesté.

-Estoy muy contenta de que me digas eso. -Esbozó una sonrisa triste-. Pero no es posible.

-¿Por qué?

-Porque no puede ser. Porque es horrible. Eso... -Pero enmudeció y siguió andando en silencio.

-Porque eso... no es bueno. Ni para ti, ni para mí -prosiguió ella mucho rato después.

-¿Y en qué sentido no lo es? -le pregunté en voz baja.

-Eso de que alguien proteja eternamente a alguien... es imposible. Mira. Suponiendo, ¿eh?, suponiendo que te casaras conmigo... Tú trabajarías en alguna empresa, ¿no es así? ¿Quién me protegería mientras tú estuvieses en el trabajo? ¿Y quién me protegería mientras estuvieses de viaje de negocios? ¿Tengo que estar pegada a ti hasta que me muera? ¿Dónde está la igualdad? A eso no puede llamarse una relación humana, ¿no te parece? Además, cualquier día acabarías hartándote de mí. Te preguntarías:”¿Qué es de mi vida? ¿Hacer de niñera de esta mujer?”. Yo no quiero eso. No resolvería mis problemas.


-Tus problemas no tienen porqué durar toda la vida. -Posé mi mano en su espalda-. Algún día acabarán. Y cuando todo haya terminado, bastará con que reconsideremos el asunto. Bastará con que pensemos qué debemos hacer a partir de entonces. Y ese día tal vez seas tú quien me ayude a mí. No tenemos por qué vivir haciendo balance. Si tú ahora me necesitas a mí, me utilizas sin más. ¿Por qué eres tan terca? Relájate. Estás tensa y por eso te lo tomás así. Si te relajas, te sentirás más ligera.


-¿Por qué me dices eso? -La voz de Naoko sonó muy seca. Al oirla, comprendí que acababa de pronunciar las palabras equivocadas.


-¿Por qué? -repitió Naoko con la vista clavada en el suelo-.Si te relajas, te sientes más ligero, eso también lo sé yo. No hace ninguna falta que me lo recuerdes. Pero si ahora me relajo me haré pedazos. Desde hace tiempo he sido incapaz de vivir de otra manera, y todavía lo soy. Si bajara la guardia, aunque fuera una sola vez, sería incapaz de recomponerme a mí misma. Me haría pedazos y éstos volarían con un soplo de viento. ¿Cómo puede ser que no lo entiendas? ¿Cómo puedes decir que cuidarás de mí si no comprendes eso?.


Enmudecí.


-Me siento mucho más perdida de lo que puedas imaginarte. Perdida entre tinieblas y hielo... Escucha.. ¿Porqué te acostaste conmigo aquel día? ¿Porqué no me dejaste en paz?...



de “Tokio blues: Norwegian Wood” (Haruki Murakami).


martes, 27 de julio de 2010

Ta.



"Este "adiós" no maquilla un "hasta luego"
este "nunca" no esconde un "ojalá"
estas cenizas no juegan con fuego
este ciego no mira para atrás.
Este notario firma lo que escribo
esta letra no la protestaré
ahórrate el acuso de recibo
estas vísperas son las de después.
A este ruido
tan huérfano de padre
no voy a permitirle que taladre
a un corazón podrido de latir.
Este pez ya no muere por tu boca,
este loco que va con otra loca,
estos ojos no lloran más por ti."



Joaquín Sabina.


domingo, 25 de julio de 2010

¡Que no!

Si bien trabajaba en secciones de cultura desde hacía tiempo, recuerda que ésta fue la primera vez que se levantó del cine antes de que terminara la película. Justo cuando sintió que ya no podía tolerar más lugares comunes, y antes de caminar a oscuras hacia la salida sin el más mínimo esbozo de arrepentimiento, se levantó de la butaca al grito de:

"¡Coño, que la vida no es así!"



lunes, 12 de julio de 2010

Camarero! I


Camarero!

Queeee?

Camarero!

Queeee?

Una de bechamel

Una de bechamel?

Bechamel, bechame muchooooo...


domingo, 4 de julio de 2010

Niños raros 1



- Hola guapo.
- Hola.
- Cómo te iamas?
- Pol.
- Pol, ¿de qué querés que te pinte?
- De lince ibérico.
- ¿De qué?
- De lince ibérico.
- ¿Y eso cómo es?
- Es como un tigre pero con unos bigotes largos.
- Ok.

Lo pinté de ese bicho raro que pinto yo que es aplicable a la demanda de: tigre, león, puma, leopardo, gato, perro, conejo, cuis y ahora, lince ibérico.
Quedó pipí cucú.
Y el lince contentísimo.