lunes, 19 de marzo de 2012

sobre corazones

"... Pero los corazones de los niños son unos órganos delicados. Una entrada dura en la vida puede dejarles deformados de mil extrañas maneras. El corazón herido de un niño se encoge a veces de tal forma que se queda ya para siempre duro y áspero como el hueso de un durazno. O al contrario, es un corazón que se ulcera y se hincha hasta volverse una carga penosa dentro del cuerpo, y cualquier roce lo oprime y lo hiere". 


Carson McCullers
"La Balada del café triste"

viernes, 21 de octubre de 2011

Le habla el sunshine por la mañana



Hueles a flor de plástico, que floreció algún día
A modelito drástico, a yugular…a encía...

A limosna por compromiso... a gamuza en el polvero...
A copia de llave de piso... a musa top ten de tu peluquero...

A aliento marchito... a niña vestia de abuela...
A café y a cigarritos… a mala de telenovela...

A cajón de especias caducas... a nuez mosqueada (y) molida...
A cinta de andar y batuka... a quince llamadas perdidas...

A madalena “migaita” en leche que va de tostaita de ajo
Fuera a ser que se despeche y quiere agarrarse a un carajo

A potingue muestra de prueba del semanal de Ragazza
A mirada Fernando Trueba buscando a los de tu raza

A camilla en las puertas de urgencias metida en las bragas...
A crucifijo en bolso...a tanguita de Lady Gaga

A barra de brillo de labios... perfume de imitación ...
Como el que anuncia la tele pero el tuyo huele “mejón”

A pelusa calle abajo tanteando alcantarillas...
A tal vez tú seas mi marido... a está ocupada esa silla...

Hazme el favor no te vayas que yo me quiero quedar
Tengo un “bujero” en el alma son achaques de la edad.

To eso le habla el sunshine por la mañana, por la ventana.


jueves, 22 de septiembre de 2011

Piropo otoñal

Caminando por la Plaza Real, absorvida por la rutina y el trabajo, me detuvo un hombre que se dirigía a mí con las siguientes palabras:

"Hay cosas bellas en el mundo, pero como tú ninguna. 
En la punta del zapato llevas el sol y la luna". 

Piropo, que le llamaban. 
Me lo dijo un señor como de más de 70 años, pero de todas formas me alegró la tarde.

lunes, 8 de agosto de 2011

Cuentan lAs paredes...



"No es tu media naranja; es tu exprimidor".

"No puedo ser la mujer de tu vida, porque ya soy la de la mía".


lunes, 25 de julio de 2011

Saudade

Como dice la canción: "los delata el equipaje y la duda al caminar". Carlos y Mabel festejan sus 30 años de estar juntos en un viaje por primera vez juntos en europa, puntualmente en Barcelona. Viven lo que los que ya hace tiempo que estamos podemos reconocer como el "estado de deslumbramiento" ante un montón de cosas nuevas y hermosas. Pasean, observan, comparan, comentan. Caminan y caminan. Nunca se cansan. En un paseo por las callecitas más bonitas del barrio Gótico, Carlos le dice a Mabel:

- Esto es divino, pero ¿no te gustaría ir un ratito, solo un ratito para allá... y después volver?

Cuando me lo comentan, yo les sonrío porque los entiendo. A mí todavía me pasa.

viernes, 27 de mayo de 2011

Montevideo a través de los ojos de Ana

"- Contame algo de Montevideo...
- Está gris,
pero es viernes!
a las 20.00 me voy a ver el cierre de un festival de Docus.
Globale.
Esta semana fue más tranquila
porque la semana pasada hubo 3 o 4 paros... jeje
too much!!
mmm...
la grappa es buena
la muzza! es la muzza!
el pan de cada día
casi
la cerveza es rica
mmm...
se escuchan caballos
desde mi cuarto
lástima que van llenos de basura y es gente pobre
pero me imagino que son caballos salvajes que pasean por la capital del Uruguay..."



martes, 17 de mayo de 2011

Yo no soy la luna.




- ¿A qué hora viene la luna?
- Y cuarto.
- El otro día salió en punto.
- La otra noche, querrás decir
- Sí, tenés razón... la otra noche.
- Acompaña la luna , ¿verdad? Parece que te sigue.
- Parece. La luna es de todos.
- ¡Qué regalo!
- Sabía que te iba a gustar
- ¿Qué sabor tendrá?
- Sabor chato
- Sabor creciente
- Menguante
- Cuarto menguante
- Luna llena.
- La luna no falla
- No puede fallar: es como es.
- ¿Vos fallaste alguna vez?
- Yo no soy la luna.
- Por suerte... sinó la tendría tan cerca que no la disfrutaría.
- ¿Vos disfrutás lo que está lejos?
- Tiene otro encanto lo lejano
- ¿Encanto?
- Encanto
- ¿Estamos cerca?
- Tengo la sensación que salimos
- Es infinito
- Tu voz me suena...
- … resuenan las voces...
- ...de tantas veces...
- … a la luz de la luna...
- … Luna
- … Luz.



fragmento "Murga Madre"(teatro); Pablo Routin y Edú Lombardo.

miércoles, 4 de mayo de 2011

viernes, 22 de abril de 2011

Guelcam tu de ferst guorld...


Venía caminando por Nou de la Rambla cuando justo unos metros antes de casa me encuentro con que en el bar de enfrente había dos patrulleros y una ambulancia. En la vereda estaba el pakistaní de la tienda de souvenirs de al lado y le pregunto:
- Abdul, ¿pasó algo?
- Nosé, pero estamos en Europa, pudo haber pasado cualquier cosa... - contestó Abdul, mientras reía sacudiendo la cabeza.





Gracias amigo, te viá extrañar...

domingo, 3 de abril de 2011

Profesional de la fiesta


Se levantó de la siesta a las 22 de la noche. Luego de bostezar 3 veces se puso el calzoncillo, las calzas celestes y la tanga rosada con corazones encima, el pollerín de tul fucsia, el top de colores fluo, las alitas de mariposa y los lentes de corazón. Agarró su mochila con una mano y mientras con la otra llevaba el estuche del saxofón colgando hacia la espalda, comentó:
- Me voy a trabajar.


miércoles, 2 de febrero de 2011

Mujeres que vuelan



No sé; me importa un pito que las mujeres tengan los senos como magnolias o como pasas de higo; un cutis de durazno o de papel de lija.
Le doy una importancia igual a cero al hecho de que amanezcan con un aliento afrodisíaco o con un aliento insecticida.
Soy perfectamente capaz de soportarles una nariz que sacaría el primer premio en una exposición de zanahorias; ¡pero eso sí! -y en esto soy irreductible- no les perdono, bajo ningún pretexto, que no sepan volar.
Si no saben volar ¡pierden el tiempo las que pretendan seducirme!
Ésta fue -y no otra- la razón de que me enamorase tan locamente de María Luisa.
¿Qué me importaban sus labios por entregas y sus encelos sulfurosos?
¿Qué me importaban sus extremidades de palmípedo y sus miradas de pronóstico reservado?
¡María Luisa era una verdadera pluma!
Desde el amanecer volaba del dormitorio a la cocina, volaba del comedor a la despensa.
Volando me preparaba el baño, la camisa.
Volando realizaba sus compras, sus quehaceres...
¡Con qué impaciencia yo esperaba que volviese, volando, de algún paseo por los alrededores!
Allí lejos, perdido entre las nubes, un puntito rosado.
"¡María Luisa! ¡María Luisa!"... y a los pocos segundos, ya me abrazaba con sus piernas de pluma para llevarme volando a cualquier parte.
Durante kilómetros de silencio planeábamos una caricia que nos aproximaba al paraíso; durante horas enteras nos anidábamos en una nube, como dos ángeles, y derrepente en tirabuzón, en hoja muerta, el aterrizaje forzoso de un espasmo.
¡Qué delicia la de tener una mujer tan ligera..., aunque nos haga ver de vez en cuando las estrellas!
¡Qué voluptuosidad la de pasarse los días entre las nubes... la de pasarse las noches de un solo vuelo!
Después de conocer una mujer etérea, ¿puede brindarnos alguna clase de atractivos una mujer terrestre?
¿Verdad que no hay diferencia sustancial entre vivir con una vaca o con una mujer que tenga las nalgas a setenta y ocho centímetros del suelo?
Yo, por lo menos, soy incapaz de comprender la seducción de una mujer pedestre, y por más empeño que ponga en concebirlo, no me es posible ni tan siquiera imagina que pueda hacerse el amor más que volando.

Fragmento de "Espantapájaros", Oliverio Girondo



jueves, 27 de enero de 2011

Grandes cuentos en pocas palabras 1

Y después de hacer todo lo que hacen, se levantan, se bañan, se entalcan, se perfuman, se peinan, se visten, y así progresivamente van volviendo a ser lo que no son.



"Amor 77", Julio Cortázar.

martes, 11 de enero de 2011

No hay nada más triste...


La cocina es el punto de encuentro de mi casa en la calle Las Hiedras, por lo menos en invierno. A cualquier hora de la noche nos cruzamos y aprovechamos para preguntar cómo fue el día que está terminando mientras alguno calienta el agua para la bolsa que entibiará su cama, o mientras otro termina con el último bocado de la cena. Y esta vez fue justo cuando terminaba mi omelette improvisado que Ernesto, mientras encendía una hornalla al mango para que el agua se calentara pronto, me comentó:

- Vale, ¿has visto que murió María Elena Walsh?

Mi compañero de piso, madrileño de casi 36 años, doctorado en Física y actual editor de una conocida revista de ciencia, se crió escuchando María Elena Walsh, “sobretodo cuando nos íbamos por ahí de viaje en coche con mis padres y mi hermano”, aunque justo antes me había comentado que este fin de semana se va a Berlín a la fiesta donde su amigo DJ pincha por última vez antes de dejar la ciudad. La mamá de Ernesto, por esas casualidades de la vida y por esas casualidades de ésta ciudad, nació y vivió en Minas, lugar en el que conoció a su papá, un español que se encontraba eventualmente trabajando en ese pueblo del fin del mundo, donde nació la historia de amor que trajo como consecuencia a Ernesto y a su hermano.

Los papás de Ernesto "tenían todos los casettes y los escuchábamos uno detrás del otro... creo que les gustaban más a ellos que a nosotros", comentó quién ahora escucharía con más ganas algún viejo tema del punk español de los 80.

Y mi homenaje frente a la reciente noticia que tituló tantos diarios – incluso a “El País” de Madrid-, empezó al descargarme de internet un disco con una selección de sus canciones más conocidas y echarme en el sofá de casa para saborearlas una a una, sorprendiéndome al descubrirme sabiendo de memoria canciones cuyo nombre no recordaba, y dejándome arrastrar por las notas hasta los recuerdos que encabezan la historia de mi vida.

Y terminó en la cocina con Ernesto, donde escuchamos La Tortuga Manuelita, El Twist del Mono liso, el Gato Confites y El mundo al revés, intercaladas por comentarios y anécdotas aleatorias, canciones que incluso él recordaba más que yo, y que se sorprendió al leer que ella era argentina y no uruguaya.

Ernesto tiene 36 años, pero hoy cuando me palmeó la cabeza, se giró abrazando su bolsa de agua caliente y sonrió justo antes de pasar por la puerta de la cocina, volvió a tener 6.



domingo, 26 de diciembre de 2010

Vivir en los actos



Tú vives siempre en tus actos.
Con la punta de tus dedos
pulsas el mundo, le arrancas
auroras, triunfos, colores,
alegrías: es tu música.
La vida es lo que tú tocas.

De tus ojos, sólo de ellos,
sale la luz que te guía
los pasos. Andas
por lo que ves. Nada más.

Y si una duda te hace
señas a diez mil kilómetros,
lo dejas todo, te arrojas
sobre proas, sobre alas,
estás ya allí; con los besos,
con los dientes la desgarras:
ya no es duda.
Tú nunca puedes dudar.

Porque has vuelto los misterios
del revés. Y tus enigmas,
lo que nunca entenderás,
son esas cosas tan claras:
la arena donde te tiendes,
la marcha de tu reloj
y el tierno cuerpo rosado
que te encuentras en tu espejo
cada día al despertar,
y es el tuyo. Los prodigios
que están descifrados ya.

Y nunca te equivocaste,
más que una vez, una noche
que te encaprichó una sombra
-la única que te ha gustado-.
Una sombra parecía.
Y la quisiste abrazar.
Y era yo.


"Tú vives siempre en tus actos", Pedro Salinas.



gracias Eder.

lunes, 20 de diciembre de 2010

Lo mismo que todas las noches, Pinky... ¡tratar de conquistar el mundo!



Fra y yo en la cama antes de dormir, tras la visión de la versión de "Tentempié" por Kevin Johansen y Ana Prada:

v - Mirá ahora Fra... e-cuchá la segunda voz...


silencio algo prolongado.


f - Vale...

v - ... ¿si?

f - ...podríamos ser famosas.


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sábado, 18 de diciembre de 2010

miércoles, 10 de noviembre de 2010

Arrinconado

A falta de casas, coches e hijos, cuando Ismael y Nuria se separaron decidieron dividir lugares, amigos y costumbres. Ella se quedó con la pizzería del uruguayo, con las tardes de mate en el Montjuic y con las exposiciones temporales del Macba. Él conservó los mediodías de invierno al sol, frente al mar, en los silloncitos de cemento de Bogatell, los paseos en bicicleta los atardeceres de julio, agosto y septiembre y las cervezas beers en la Rambla del Raval.

Las líneas 1, 3 y 4 del metro fueron para Ismael; las demás, para Nuria.

–¿Y los autobuses? –preguntó ella.

Él suspiró, se reclinó en la silla y sentenció:

–Quedátelos todos.

Con las tertulias literarias no hubo otra que tomar una decisión salomónica: para él, primer y tercer domingo de cada mes; para ella, segundo y cuarto.

–¿Y los meses de cinco domingos? –volvió Nuria a la carga.

Ismael dudó un instante. Le tentó la idea de pelear por su momento preferido de la semana, pero supuso que una prueba de amor sería resignarlo. Ella se lo agradeció con la única sonrisa de la tarde. Él se dijo que su sacrificio había valido la pena.

Así siguieron, durante horas, dividiendo calles, supermercados, panaderías, bares de cañas, parques, plazas, cines, librerías y bibliotecas. Por la noche habían concluido un minucioso programa de privaciones y pérdidas.

Tras despedirse, Ismael pensó que el mundo era más chico. O al menos Barcelona lo era. A partir de entonces, para él, Barcelona era media Barcelona. No le preocupó tanto el perjuicio logístico de coordinar salidas con amigos, como la sensación de que perdiendo media Barcelona perdía media vida. Se esforzó por entender que ya llegaría el momento de compartir esa media vida con otra mujer, pero de inmediato concluyó que una nueva separación implicaría quedarse con un cuarto de ciudad. Haciendo un ejercicio de proyección, llegó a sentirse condenado a una piecita oscura de un piso del extrarradio.

Por séptima vez en el día, lloró.

La vuelta a la pensión en la que paraba, esquivando las calles ahora vedadas, le demandó el triple de lo habitual. De paso, compró un mapamundi, dispuesto a marcar las ciudades a las que escaparía antes de que el futuro lo arrinconara. Subió los escalones de dos en dos, repitiéndose que si algo sobraba en el mundo eran mujeres y ciudades.

Pero justo antes de entrar a su cuarto, se dio cuenta de que el puerto y el aeropuerto, las estaciones de autobuses y las de trenes, y hasta las carreteras de acceso a Barcelona habían quedado para Nuria.


Santiago Ambao

domingo, 31 de octubre de 2010

Consejo


No me pases a buscar con la guitarra al hombro,

no vayamos los dos abrazados en un taxi,

no me beses así, tan suave.

No vayamos a comer y te pidas omelette,

no me convides,

no quiero decirte que es lo más cercano a una escala de un millón de octavas.

No tomes la cerveza como si te enamorara

ese cuerpo amarillo y espeso.

No te rías moviendo los pies y ocultando la cara,

no te bañes, te enjabones

no te duermas,

no quiero decirte que no voy a olvidarme de tus ojos cerrados.


No me abraces, no me pidas te acompañe al supermercado

ni me cuentes las historias de tu infancia,

no me pases la mano por la espalda,

no me digas que querés estar conmigo algunas noches,

no camines sonriendo a la mañana,

no quiero pensar tu nombre.


No te pongas zapatillas,

ni te pongas pantalones,

no cantes,

no quieras comprarle una estufa a tus padres.


No me invites al canal,

ni a tu casa a disfrutar,

no me llames ni me escribas que me estás esperando.

No me hables y me mires con los ojos tan verdes

no enriedes mis pies en tus pies de talco

no me digas “alcanzame una toalla”,

no me abras tu corazón en las noches más oscuras

no me leas un recorte de diario

no te resfríes ni te saques una foto

no me digas que compraste un regalo a tu hijo

no me dejes el asiento en el subte,

ni me comprés jugo de naranja a la mañana

no me pongas un disco

ni me digas cuáles son tus canciones preferidas

no vivas en Barracas ni comamos locro

ni miremos por la ventana,

ni me esperes con ginebra,

ni me sostengas cuando me resbalo,

no te pongas anteojos de sol,

no llores cuando te leo un cuento,

no me incluyas en tus viajes,

ni tampoco en tus proyectos,

no quieras viajar,

no quieras viajar en barco.


No te empecines,

no pierdas la cabeza,

no me enamores sin preguntarme.



Alejandro Balbis.

martes, 19 de octubre de 2010

Punto Final


Cuando nos conocimos, ella me dijo: “Te doy el punto final. Es un punto muy valioso, no lo pierdas. Consérvalo, para usarlo en el momento oportuno. Es lo mejor que puedo darte y lo hago porque me mereces confianza. Espero que no me defraudes.” Durante mucho tiempo, tuve el punto final en el bolsillo. Mezclado con las monedas, las briznas de tabaco y los fósforos, se ensuciaba un poco; además, éramos tan felices que pensé que nunca habría de usarlo. Entonces compré un estuche seguro y allí lo guardé. Los días transcurrían venturosos, al abrigo de la desilusión y del tedio. Por la mañana nos despertábamos alegres, dichosos de estar juntos; cada jornada se abría como un vasto mundo desconocido, lleno de sorpresas a descubrir. Las cosas familiares dejaron de serlo, recobraron la perdida frescura, y otras, como los parques y los lagos, se volvieron acogedoras, maternales. Recorríamos las calles observando cosas que los demás no veían y los aromas, los colores, las luces, el tiempo y el espacio eran más intensos. Nuestra percepción se había agudizado, como bajo los efectos de una poderosa droga. Pero no estábamos ebrios, sino sutiles y serenos, dotados de una rara capacidad para armonizar con el mundo. Teníamos con nuestros sentidos una singular melodía que respetaba el orden del exterior, sin sujetarse a él.

Con la felicidad, olvidé el estuche, o lo perdí, inadvertidamente. No puedo saberlo. Ahora que la dicha terminó, no encuentro el punto final por ningún lado. Esto crea conflictos y rencores suplementarios. “¿ Dónde lo guardaste? – me pregunta ella, indignada -. ¿ Qué esperas para usarlo? No demores más, de lo contrario, todo lo anterior perderá belleza y sentido.” Busco en los armarios, en los abrigos, en los cajones, en el forro de los sillones, debajo de la mesa y de la cama. Pero el punto no está; tampoco el estuche. Mi búsqueda se ha vuelto tensa, obsesiva. Es posible que lo haya extraviado en alguno de nuestros momentos felices. No está en la sala, ni en el dormitorio, ni en la chimenea. ¿ El gato se lo habrá comido?.

Su ausencia aumenta nuestra desdicha de manera dolorosa. En tanto el punto no aparezca, estamos encadenados el uno al otro, y esos eslabones están hechos de rencor, apatía vergüenza y odio. Debemos conformarnos con seguir así, desechando la posibilidad de una nueva vida. Nuestras noches son penosas, compartiendo la misma habitación, donde el resquemor tiene la estatura de una pared y asfixia, como un vapor malsano. Tiñe los muebles, los armarios, los libros dispersos por el suelo. Discutimos por cualquier cosa, aunque los dos sabemos que, en el fondo, se trata de la desaparición del punto, del cual ella me responsabiliza. Creo que a veces sospecha que en realidad lo tengo, escondido, para vengarme de ella. “ No debí confiar en ti – se reprocha -. Debí imaginar que me traicionarías.”

Era un estuche de plata, largo, de los que antiguamente se usaban para guardar rapé. Lo compré en un mercado de artículos viejos. Me pareció el lugar más adecuado para guardarlo. El punto estaba allí, redondo, minúsculo, bien acomodado. Pero pasaron tantos años. Es posible que se extraviara durante una mudanza, o quizás alguien lo robó, pensando que era valioso.

Luego de buscarlo en vano casi todo el día, me voy de casa, para no encontrar su mirada de reproche, su voz de odio. Toda nuestra felicidad anterior ha desaparecido, y sería inútil pensar que volverá. Pero tampoco podemos separarnos. Ese punto huidizo nos liga, nos ata, nos llena de rencor y de fastidio, va devorando uno a uno los días anteriores, los que fueron hermosos.

Sólo espero que en algún momento aparezca, por azar, extraviado en un bolsillo, confundido con los otros objetos. Entonces será un gordo, enlutado, sucio y polvoriento punto final, a destiempo, como el que colocan los escritores noveles.


Contado por Mónica Martinez Paz en un cálido rincon de Barcelona, en el marco del Festival "Munt de Mots". Gracias Mónica!

domingo, 10 de octubre de 2010

So nice, so nice, so nice...


paseo otoñal sobre patines por Barcelona. Banda sonora no original: "Diablo débil" de Martín Buscaglia. Octubre 2010